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¿Es Bob Esponja la causa del tdah?

diciembre 6, 2011

Allá por septiembre de este año los medios de comunicación se hicieron eco de un estudio publicado en la revista Pediatrics, con titulares como:

  • Bob Esponja pone en peligro la atención de los niños (ADN).
  • “Bob Esponja” atonta a los niños… …22 minutos de esta serie pueden causar graves daños (Libertad Digital).
  • Bob Esponja perjudica la atención en niños de cuatro años (La Vanguardia).
  • Ver la serie ‘Bob Esponja’ podría dificultar el aprendizaje de los más pequeños (El Mundo).
  • Bob Esponja “genera déficit de atención en niños” (Web de la BBC).

La Academia Americana de Pediatría, que edita la revista Pediatrics, es una organización bastante seria que no se caracteriza por buscar el sensacionalismo, y la revista Pediatrics tiene un gran prestigio, y sigue el sistema de revisión por pares en la selección de artículos: los manuscritos enviados son examinados por, al menos, dos asesores externos conocedores del tema que se trata. Pero,  a veces la información que recibimos por los medios generalistas llega bastante distorsionada, de modo que es conveniente consultar las fuentes.

El título del artículo, traducido, es algo como “el impacto inmediato de diferentes tipos de televisión en la función ejecutiva de niños pequeños”. A Bob Esponja no se le nombra en el trabajo pero sí que dice que uno de los grupos vio un trozo de un capítulo de una serie muy popular acerca de una esponja animada que vive bajo el mar. Otro grupo vio un trozo de otro capítulo de un programa educativo sobre un típico niño pequeño estadounidense (en algunos medios de comunicación se decía que habían visto a Caillou, pero ¿ese muchacho no es francés?), y al tercer grupo se le dejaron pinturas para que dibujasen un rato. Todos los grupos estaban formados por 20 niños, de familias que se habían ofrecido voluntarias para participar en el estudio, y se distribuyeron al azar entre los tres grupos.

Al analizar un capítulo de Bob Esponja, las investigadoras consideraron que la escena cambiaba, como media, cada 11 segundos, mientras que en el programa educativo cambiaba cada 34 segundos. Además en Bob Esponja, dentro de una escena era habitual que los personajes se moviesen continuamente y con rapidez (es una pena que no hayan considerado también el número de gritos por escena que se dan en esa serie).

Cada niño estuvo nueve minutos viendo la tele o dibujando y, después realizaron las siguientes tareas de función ejecutiva:

  • Torres de Hanoi.
  • Juego de cabeza, dedos, hombros, rodillas (cuando se dice “cabeza” hay que tocarse los dedos de los pies, cuando se dice “dedos” tocarse la cabeza. Luego se añade una regla con hombros y rodillas).
  • Tarea de retraso de la gratificación (el niño elige entre esperar a comer 10 gominolas o comer 2 gominolas cuando quiera).
  • Dígitos inversos (repetir al revés los números que dice el investigador).

Había también una tarea de creatividad, sobre la que no se dan datos, y los padres realizaban un cuestionario sobre el tiempo dedicado a la televisión y un cuestionario de personalidad que incluía 5 items sobre atención.

No había diferencias significativas entre los tres grupos en la información de los padres sobre su atención ni en consumo de televisión, pero los niños que vieron los 9 minutos de Bob Esponja obtuvieron las peores puntuaciones en retraso de la gratificación y en la combinación de las otras tres tareas (función ejecutiva). En la función ejecutiva las diferencias solo eran significativas entre el grupo que había dibujado y el que había visto Bob Esponja. En el retraso de la gratificación, los que habían visto Bob Esponja esperaban significativamente menos que los que habían dibujado o visto el programa educativo.

Las autoras señalan algunas de las limitaciones del estudio. Por ejemplo, no se puede saber qué características de Bob Esponja se relacionan con los malos resultados obtenidos. Podría ser la velocidad en el cambio de escenas, pero también podría ser el hecho de tener un contenido fantástico difícil de integrar con los conocimientos previos de los niños. Otra limitación es que no se tiene información acerca de la permanencia de los bajos resultados obtenidos.

La segunda limitación es bastante importante: si un grupo de niños realiza pruebas de función ejecutiva después de jugar al balón y sus resultados son peores que los de otros niños que realizan la prueba después de escuchar música clásica no nos preocuparíamos si las diferencias se desvanecen en un tiempo corto (la excitación del juego ha dificultado la concentración y ya está). Otra cosa sería que las diferencias permaneciesen horas o semanas después.

No se puede pedir a una investigación más de lo que puede dar. Como dicen las autoras, antes de investigar los efectos a largo plazo de la televisión sobre la función ejecutiva conviene conocer los efectos a corto plazo.

También puede ser interesante

· La doctora Angeline Lillard responde a algunas preguntas sobre la investigación realizada (en inglés).

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