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Tres tratamientos educativos sólidamente fundamentados

diciembre 20, 2011

En 1998 Pelham, Wheeler y Chronis publicaron una revisión acerca de la eficacia de tratamientos psico-sociales en el tdah en el que se concluía que el entrenamiento conductual de padres era una forma de tratamiento prometedora y el uso de técnicas conductuales en la clase era una forma de tratamiento del tdah bien establecida.

En 2008, Pelham y Fabiano publicaron un artículo (Evidence-based psychosocial treatments for attention-deficit/hyperactivity disorder), en el que se analizaban las investigaciones realizadas desde la primera revisión. En ese trabajo se realizó una búsqueda de investigaciones en las que se evaluase la eficacia de un tratamiento educativo que se aplicase sin complementarlo con un tratamiento médico y se encontraron 173 estudios, pero los autores solo analizaron 46 que cumplían ciertos estándares de calidad en su diseño.

Las conclusiones que obtienen son que hay tres formas de tratamiento educativo del tdah que se pueden considerar como tratamientos basados en evidencias, y que son:

  • El entrenamiento conductual de padres.
  • Los programas de modificación de conducta en el aula.
  • Intervenciones conductuales dirigidas a la relación con compañeros en entornos de tiempo libre (habitualmente campamentos intensivos).

A veces resulta igual de interesante conocer qué otras alternativas se consideraron y no alcanzaron el estatus de tratamientos basados en evidencia. En este caso no se encontró información en la literatura científica para recomendar tratamientos como la terapia psicológica individual, terapia de juego, entrenamiento en habilidades sociales o terapias cognitivas sin un componente conductual. Tampoco hay prácticamente datos sobre el efecto de intervenciones académicas (adaptaciones, y otras medidas de atención a la diversidad). Esto se debe interpretar con cuidado, ya que los autores de la revisión no tratan de afirmar que esos tratamientos no funcionan, sino que no hay un determinado número de estudios cuidadosamente controlados que muestren su eficacia. Como se puede ver, entre la revisión de 1998 y la de 2008 el entrenamiento de padres ha pasado de ser una práctica prometedora a una práctica asentada, y las intervenciones en tiempo libre, que no se consideraron en la revisión de 1998 se presentan como un método bien respaldado. Lo que ha cambiado en esos 10 años es que se han realizado nuevas investigaciones que han mostrado la eficacia de esos métodos que seguramente eran igual de eficaces en 1998, solo que no se había comprobado debidamente.

El entrenamiento en comunicación y resolución de problemas se señala como un tipo de intervención prometedora y convendría seguir investigándola.

Gregory Fabiano

Gregory Fabiano

Una revisión de este tipo suele producir la sensación de que no da indicaciones sobre qué hacer en el tratamiento ni cómo hacerlo. Es algo natural, ya que no es el objetivo de estos trabajos. En este caso el análisis no se limita a juzgar las evidencias que apoyan a cada intervención, sino que profundiza en otras cuestiones relacionadas con las intervenciones proporcionando algunas informaciones interesantes:

  • Los programas de intervención conductual en el aula parecen producir mejoras cuando se aplican sin un programa de entrenamiento de padres complementario, pero añadir un programa de entrenamiento de padres o alguna estrategia para lograr su implicación ayuda mucho a que los resultados se mantengan a lo largo del tiempo.
  • No se ha estudiado el efecto de las intervenciones en tiempo libre aisladas, es decir, sin combinarlas con un programa de entrenamiento de padres.
  • Los programas de entrenamiento de padres no parecen producir mejoras en el colegio si no van acompañados de una intervención conductual en el aula.
  • Es dudoso que el efecto de estas intervenciones educativas se mantenga a lo largo del tiempo una vez que termina el tratamiento (los resultados son contradictorios), de modo que sería sensato realizar sesiones periódicas de seguimiento una después de que la intervención haya concluido.
  • Hay muy poca información sobre el coste económico de estos tratamientos.

Pelham y Fabiano consideran que el diagnóstico del tdah no tendría que limitarse a los síntomas del trastorno, sino que debería incluir una evaluación funcional en la que se identifiquen los comportamientos problemáticos, sus antecedentes y sus consecuencias, de modo que esa información pueda servir para orientar un tratamiento educativo. Evidentemente, si se encuentran problemas en las relaciones familiares, en clase o con los compañeros, sería importante que el tratamiento incluyese un programa eficaz en el ámbito donde se dan las dificultades.

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