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Efecto de la medicación sobre el rendimiento escolar a largo plazo

marzo 11, 2013

El primer principio de este blog es que nos ocupamos del tratamiento educativo del TDAH, por eso no suelo comentar la investigación relacionada con el tratamiento médico. Seguro que hay gente que lo puede hacer con más sensatez. Tuve dudas acerca de si hacer una entrada sobre esta investigación acerca de los efectos del tratamiento médico, y al final me he decidido a hacerlo, porque se centra en los efectos sobre el rendimiento académico, de modo que es un tema educativo.

Este estudio sobre los efectos de la medicación a largo plazo en el rendimiento académico, de Joshua M. Langberg y Stephen P. Becker, publicado en 2012, es una revisión sistemática. Los autores buscaron investigaciones publicadas después de 2.000 en las que se hubiera realizado un seguimiento de 3 o más años a niños y jóvenes con TDAH, y se dieran datos sobre sus calificaciones, sus resultados en pruebas escolares externas, o sobre la tasa de repetición de curso.

Encontraron 9 investigaciones en las que habían participado 8.721 alumnos (más de 6.000 habían participado en dos de esas investigaciones, y el resto en las otras 7). No se realiza un análisis conjunto de los resultados de esas investigaciones, sino que se comentan una a una, y luego se presentan unas conclusiones generales.

Resultados

En 7 de las 9 investigaciones localizadas se daban datos sobre los resultados en pruebas pruebas externas estandarizadas. Seis de esas 7 investigaciones encuentran una relación entre un tratamiento médico prolongado y una mejora en los resultados de esas pruebas. No obstante, aunque los resultados son significativos, el tamaño del efecto es poco relevante (el que un resultado sea significativo o no depende, en buena parte, del tamaño de la muestra del estudio, no solo de la eficacia del tratamiento).

Langberg y Becker plantean dudas acerca de si las pequeñas mejoras que el tratamiento médico produce en los resultados de las pruebas estandarizadas se deben a un mayor aprendizaje de los alumnos, o simplemente a la mayor concentración durante la realización de los exámenes.

Solo cuatro estudios analizaron la relación entre el tratamiento médico prolongado y las calificaciones escolares. El estudio de mayor calidad encontró una relación significativa, pero nuevamente con un tamaño del efecto poco relevante. De los restantes, uno encontró una pequeña diferencia en las calificaciones escolares entre los alumnos con tratamiento médico y sin él, y los otros dos no encontraron ninguna relación entre medicación y rendimiento escolar.

Finalmente, otros cuatro estudios analizaron dan datos sobre la relación entre tratamiento médico y promoción de curso, con resultados dispares: uno encuentra que los alumnos con tratamiento médico tienen mayor probabilidad de repetir curso, otro que la probabilidad es menor, y otros dos que no existe relación entre ambas variables.

¿Por qué en los estudios a corto plazo la medicación consigue unos efectos notables sobre el rendimiento escolar, mientras que en los estudios a largo plazo las mejoras son casi inapreciables? Langberg y Becker opinan que en los estudios a corto plazo se hace un ajuste muy preciso de las dosis de medicamento que necesita cada alumno, con revisiones frecuentes, mientras que en los estudios que se han analizado aquí, el control de las dosis no lo realizaban los equipos de investigación, sino los servicios de salud habituales, y los controles y ajustes eran menos frecuentes.

Otra posibilidad que señalan es que los ajustes en la dosis de medicación se suelen realizar según el comportamiento del alumno, no según su rendimiento escolar, incluso dan algún dato acerca de la posibilidad de que la dosis de medicamento óptima para conseguir mejoras académicas es más baja que la dosis de medicamento óptima para mejorar el comportamiento.

Comentario personal

Ha sido muy satisfactorio leer este artículo. Los resultados son muy sugerentes y permiten hacer distintas interpretaciones. Pero más que interpretarlos, quiero destacar tres cosas que me han llamado la atención:

  1. Es destacable que entre 2000 y 2011 (¡11 años!) sólo se hayan publicado 9 investigaciones en las que se haya seguido durante más de 3 años el rendimiento escolar del alumnado con TDAH. En realidad concuerda con una impresión que tengo de que son pocas las investigaciones sobre el TDAH que aportan información sobre resultados escolares.
  2. También he aprendido que para valorar el rendimiento académico deben tenerse en cuenta distintas medidas a la vez para que el resultado no sea engañoso. Por ejemplo, las calificaciones de un grupo de alumnos pueden mejorar porque varios alumnos repiten curso, o porque comienzan a recibir medidas de educación especial, o adaptaciones curriculares significativas. El número de repetidores puede disminuir porque los alumnos con peor rendimiento abandonan la escolaridad. Si no se tiene en cuenta todo a la vez los resultados generales sobre rendimiento académico serán poco precisos.
  3. Es una idea interesante y contraria a la intuición la de que la dosis de medicamento óptima para conseguir mejoras en el rendimiento escolar es más baja que la dosis óptima para conseguir mejoras en el comportamiento.
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