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Relación entre TDAH y nivel socio-económico

julio 8, 2014

Los diagnósticos de TDAH son más frecuentes en las familias con bajo nivel socio-económico. Esta afirmación no es ninguna invención de los actuales movimientos antipsiquiátricos, sino que es algo documentado por numerosos estudios, al menos en los países desarrollados.

Ginny Russell. De su web en la Universidad de Exeter

Ginny Russell, Tamsin Ford y Susan Kelly, de la Universidad de Exeter, junto con Rachel Rosenberg, del centro de estudios longitudinales del Instituto de Educación Británico ha publicado una investigación en la que no sólo se aportan datos adicionales sobre esta cuestión, sino que se intenta analizar cuáles son las relaciones entre bajo nivel socio-económico y TDAH.

Las siete posibilidades que consideran son:

  1. El bajo nivel socio-económico aumenta la exposición a factores de riesgo para el TDAH durante el periodo perinatal. El factor mejor documentado es el consumo de tabaco durante el embarazo.
  2. El bajo nivel sociocultural aumenta la exposición a factores de riesgo para el TDAH durante la niñez. Estos factores podrían ser estilos parentales inadecuados, conflictos familiares, o consumo excesivo de aditivos alimentarios.
  3. Existe un componente genético (moderado por factores ambientales), de modo que los padres con predisposición al TDAH tendrían mayores probabilidades de tener hijos con TDAH y de sufrir ellos mismos el trastorno, con las consecuencias socioeconómicas negativas que implica (menores calificaciones escolares, mayores dificultades laborales, problemas familiares, etc.).
  4. El tener un hijo con TDAH produce un deterioro de la situación socioeconómica familiar. Esta posibilidad llama la atención porque tiene una dirección contraria a las demás, que suponen que la situación socieconómica es la causa que origina el TDAH o su diagnóstico. No se trata de una mera posición teórica, sino que hay estudios que han estimado el deterioro económico en las familias que tienen hijos con TDAH, por el coste de los tratamientos, pérdida de horas de trabajo y enfermedades relacionadas con el estrés producido por la situación.
  5. Los profesionales de la salud tienen un sesgo por el que es más probable que diagnostiquen el TDAH a hijos de familias con bajo nivel socio-económico.
  6. Los profesores de alumnos de familias con bajo nivel socio-económico tienen un sesgo por el que es más probable que aprecien en ellos síntomas de TDAH, o las dificultades escolares de estos alumnos se confunden con TDAH.
  7. Las familias con bajo nivel socio-económico son más propensas a describir síntomas de TDAH en sus hijos.

Los datos para contrastar esta hipótesis se tomaron del Millenium Cohort Study (MCS), un seguimiento realizado a niños ingleses nacidos entre 2000 y 2002 (los datos son accesibles desde UK Data Service). Se consideró que un niño de la muestra tenía TDAH si en alguna de las entrevistas de seguimiento realizadas su familia informaba de que había recibido ese diagnóstico de un profesional de la salud. Ese fue el caso del 1,5% de los 19.519 niños seguidos hasta los 7 años. Además, durante el seguimiento del MCS los padres contestaban a un cuestionario de detección del TDAH cuyos resultados eran desconocidos para los médicos que atendían a los niños.

Resultados

Tal como se esperaba, el TDAH estaba fuertemente asociado con indicadores de bajo nivel socio-económico como pobreza económica (ingresos per capita inferiores al 60% de la mediana nacional), uso de vivienda social, ingresos, monoparentalidad e índice de estatus socioeconómico (calculado a partir de la clase social de los padres y su nivel de educación).

Como media, las familias con algún hijo con TDAH ingresaban 67 libras semanales menos que las familias sin hijos con TDAH. Las madres más jóvenes y con menor nivel de estudios, los padres y madres que criaban a sus hijos en solitario mostraron más probabilidades de tener hijos con TDAH.

No se encontraron pruebas que confirmasen la hipótesis 4, es decir, no se observó que el nacimiento de un niño con TDAH supusiese una merma en los ingresos familiares (cuidado con este dato, porque sólo se examinaron los ingresos, no los gastos).

Tampoco parece encontrarse una relación causa-efecto entre TDAH y ruptura familiar. Si bien es cierto que los niños con TDAH mostraron mayor tendencia a criarse en familias monoparentales, la cantidad de separaciones ya era evidente cuando los niños tenían 9 meses y tres años, es decir antes de que hubieran recibido un diagnóstico y, probablemente, antes de que su comportamiento haya sido percibido como preocupante.

Respecto a la hipótesis 5, está claro que los médicos apreciaban el TDAH con mayor frecuencia en los niños de familias con bajo nivel socioeconómico, por eso se obtuvieron los resultados que se describen en los párrafos anteriores. Pero si se ajustaban los datos teniendo en cuenta los síntomas descritos por padres y profesores en en el cuestionario de detección de TDAH las diferencias desaparecían, lo que indica que el hecho de recibir un diagnóstico de TDAH depende de que se aprecien o no una serie de síntomas, no de un sesgo de los médicos. Los niños con los mismos síntomas tieneden a recibir el mismo diagnóstico (TDAH o no-TDAH) independientemente del nivel socio-económico de sus familias. Si hay más diagnósticos en las familias con nivel socio-económico bajo es porque los síntomas de TDAH son más frecuentes.

Se encontró una relación del nivel socio-económico con el consumo de tabaco durante el embarazo, y también con la conflictividad familiar. El uso del tabaco durante el embarazo y el distanciamiento familiar y la conflictividad se asociaban con la posibilidad de tener un hijo con TDAH incluso después de ajustar los datos según los indicadores socio-económicos. El efecto del tabaco era menor que el de la conflictividad, y los análisis realizados indican que la conflictividad familiar podría ser el mediador entre el bajo estatus socio-económico y el hecho de tener hijos con TDAH. En cambio el consumo de tabaco durante el embarazo no cumplía los criterios para poder ser considerado un mediador en esa relación.

Conclusiones

Las principales conclusiones que se pueden obtener sobre este estudio son:

  • Se aportan nuevos datos que apoyan la idea de que el TDAH es más frecuente en los hijos de familias con bajo nivel socio-económico.
  • No se encuentran evidencias de que el tener un hijo con TDAH sea la causa del deterioro del nivel · No se aprecia un sesgo en los diagnósticos médicos debido al nivel socio-económico de las familias de los niños. Los datos no permiten descartar la posibilidad de que los padres y profesores de niños con bajo nivel socio-económico estén sobrestimando la magnitud de sus síntomas.
  • El uso del tabaco durante el embarazo se asocia con la aparición de TDAH, pero su efecto es pequeño una vez que se tiene en cuenta que este uso es más común en madres con nivel socio-económico bajo.
  • La implicación de los padres y la conflictividad familiar explica parcialmente la relación entre bajo nivel socio-económico y TDAH.

Precauciones

En los medios de comunicación y en las redes sociales se lleva mucho lo de extraer alguna frase o a alguna idea del estudio y presentarla con las palabras “una investigación demuestra que…”. Se trata de un uso incorrecto de la información, y habría que tener en cuenta sobre todo dos cuestiones:

1. El estudio no ofrece datos sobre todas las hipótesis posibles. Ya se ha sugerido en las conclusiones que sabemos poco sobre la 6 y la 7 (que los profesores y las propias familias sean más propensas a describir síntomas de TDAH en los niños con bajo nivel socio-económico), y también es muy importante tener en cuenta que no se aportan datos sobre la número 3, la posibilidad de que muchas personas tengan un bajo nivel socio-económico y ademas tengan hijos con TDAH debido a que ellos mismos tienen TDAH.

2. Los niños con TDAH suponían un 1,5% de la muestra mientras que los estudios de prevalencia realizados con mecanismos de detección más sistemáticos nos ofrecen datos diversos, pero normalmente mayores, en varias ocasiones en torno al 5%. Esto indica que los análisis realizados podrían estar refiriéndose a un subgrupo concreto dentro de los niños con TDAH: aquellos que han sido diagnosticados antes de los 7 años de edad, normalmente los que tienen los síntomas más notorios, y tal vez en los que están predominando la hiperactividad y la impulsividad.

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