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Factores de la función ejecutiva en la población infantil

noviembre 27, 2018

“Función ejecutiva” o “funciones ejecutivas” se han convertido en expresiones de moda en la investigación sobre trastornos del neurodesarrollo, especialmente en la investigación sobre el TDAH. Sin embargo, la vaguedad de este concepto me ha producido bastantes veces una sensación que se podría expresar así: “¡qué importante es la función ejecutiva, sea lo que sea!”.

Se han propuesto diferentes definiciones sobre la función ejecutiva y modelos en los que aparecen distintos componentes. En esta situación son bienvenidos los trabajos de revisión que permiten apreciar cuál es el fondo común de las distintas propuestas.

Javier Tirapu, Esperanza Bausela y Patricia Cordero han publicado recientemente una revisión titulada Modelo de funciones ejecutivas basado en análisis factoriales en población infantil y escolar: meta-análisis. Este trabajo continúa otro anterior en el que se propuso un modelo de funciones ejecutivas para adultos.

En su introducción, estos autores, mencionan una de las causas de la diversidad de formas de entender las funciones ejecutivas: el problema de las medidas impuras. Este problema consiste en que, cuando se intenta medir estas funciones entran en juego otras habilidades (como la comprensión de las instrucciones de la tarea, las habilidades viso-espaciales o motrices). Existe una forma sofisticada de intentar evitar el problema de las medidas impuras. Se trata de utilizar varias tareas para evaluar cada componente del funcionamiento ejecutivo y utilizar técnicas estadísticas de análisis de variables latentes para extraer lo que hay en común entre los resultados de esas tareas. La técnica de análisis que más se emplea para esto es el análisis factorial confirmatorio.

Resultados

Tirapu, Bausela y Cordero revisaron 35 estudios sobre las funciones ejecutivas en niños de hasta 12 años. A partir de aquí llega una parte que me desconcierta bastante. Los autores indican que la probabilidad de que un modelo con tres factores se emplee en un estudio es 1,44 veces mayor que la del uso de otros modelos. Sin embargo, este efecto (del tipo odds ratio) fue calculado encontrando 4 estudios de 32 en los que se utilizaban modelos de cuatro factores. Además, en la descripción de los 35 estudios que se localizaron inicialmente, encuentro que en 7 de ellos se emplearon modelos con tres factores.

Respecto a las dimensiones que se incluían en los distintos modelos, la revisión indica que se obtuvieron diferencias significativas en cuanto a flexibilidad (1,45 veces más probable) y a estudios con un único factor.

Una apreciación interesante es que en los primeros años de vida parecen funcionar mejor los modelos explicativos con un solo factor, mientras que a partir de los 7 años comienza a ser posible la diferenciación de varios factores.

Las conclusiones que aparecen en el resumen manifiestan que actualización/memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad son los procesos que se emplean más comúnmente en los modelos factoriales de control ejecutivo.

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