Intervención con evidencias limitadas·Salud

TDAH y actividad física: una revisión

La actividad física en el TDAH es uno de los temas que más extensamente he tratado en el blog. En esta ocasión vuelvo a él para comentar una revisión sistemática que trata sobre la relación entre TDAH y actividad física desde distintas perspectivas.

Se trata de un artículo escrito por un nutrido grupo de autores (Eduardo Esteban BustamanteMaria Enid Santiago-RodriguezJared Donald RamerGuilherme Moraes BalbimTara Gisela Mehta y Stacy Lynn Frazier). Todos ellos trabajan en la Universidad de Chicago, excepto la última, que lo hace en la Universidad Internacional de Florida.

El trabajo se titula Physical activity and ADHD: evidence on development, transient and durable neurocognitive effects, and applications, ha sido publicado en la revista Pensar en Movimiento y existe una traducción al español. Se trata de una revisión narrativa de la investigación acerca de TDAH y actividad física. Sus contenidos principales son:

Estudios observacionales

Aunque el TDAH suele ser conocido como “hiperactividad” y eso sugiere una cantidad mayor de actividad física que en otras personas, sin embargo, los niños con TDAH sin tratamiento farmacológico son un 40% más propensos a la obesidad y los adultos con TDAH un 70%. No parece existir ningún estudio longitudinal que valore la actividad física en una muestra con TDAH a lo largo de su desarrollo, pero existen varios estudios de menor recorrido.

Entre los 4 y los 6 años, los síntomas de inatención e hiperactividad se relacionan con una mayor cantidad de actividad física y un menor índice de masa corporal. Sin embargo, también se relacionan con tiempo excesivo viendo la televisión y con hábitos alimentarios pobres.

Entre los 7 y los 12 años, los niños con TDAH parecen tener niveles de actividad similares o mayores que los de los niños sin TDAH. Sin embargo, muestran menor destreza de movimientos, niveles bajos en aptitud física y menor participación en deportes organizados.

Entre los 13 y los 19 años disminuye o desaparece la mayor actividad de los adolescentes con TDAH con respecto a sus compañeros.

Foto de Ragesoss. Enlazada de Wikimedia Commons.

Efectos de la actividad física de corta duración

Los estudios “de laboratorio” indican que un ejercicio aeróbico de corta duración mejora la inhibición, la atención prologada y algunas otras medidas de tipo neuropsicológico en niños o adolescentes con TDAH y en comparación con actividades sedentarias. En la escuela, las “pausas activas” a lo largo de la jornada parecen mejorar el comportamiento.

Efectos de la actividad física regular

Algunos estudios observacionales permiten intuir una doble direccionalidad en la relación entre actividad y TDAH. La inactividad a los 8 años se relaciona con la inatención a los 16 y los síntomas de TDAH a los 8 años con la obesidad e inactividad a los 16 años.

Existen numerosos estudios de intervención, que han dado lugar a varios meta-análisis, en los que se estima que los programas de actividad física tienen un efecto entre moderado y grande sobre los síntomas del TDAH, la función ejecutiva y la salud física. No obstante, los autores de la revisión señalan que los estudios en los que se basan esos meta-análisis tienen problemas de método, especialmente que combinan estudios en los que se realiza actividad física regular con estudios con actividad física de corta duración.

Finalmente, plantean tres hipótesis a considerar en la investigación sobre este campo:

  1. Si es posible la transferencia, ya que el efecto de estos programas parece ser menor cuanto más lejana está la variable que se mide de la actividad física, que es el objeto del entrenamiento. Así, habría una cadena formada por: actividad física – función cerebral – función cognitiva – severidad de los síntomas – participación escolar – rendimiento escolar.
  2. Si los beneficios de los programas de actividad física regular dependen de la actividad física o de otros factores (que el programa esté estructurado, seguimiento de reglas, refuerzo de conductas apropiadas), ya que estos programas parecen ser eficaces ante un grupo en el que no se realice ninguna intervención, pero no ante un grupo en el que se realice otro tipo de intervención.
  3. Si los beneficios neurocognitivos de la actividad física dependen del nivel de participación y de que se incluyan retos cognitivos.

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