Adaptaciones y acomodaciones

Puestos escolares con movimiento

Estaba buscando una foto de dominio público con un profesor trabajando habilidades de lectura en la clase, cuando una antigua foto llamó mi atención.

Aparentemente era una foto de eso que llaman una “escuela tradicional”, con el alumnado colocado en filas, todos realizando la misma actividad. Pero había algo extraño. Al fijarme un poco más vi que dos alumnos en la parte posterior de la clase estaban sentados en un columpio. Pensé que no tendrían terreno en el exterior y que quizá harían el recreo en la misma sala donde realizaban las clases, pero también pensé que podría ser un antecedente de los vistosos puestos escolares con pedales que se emplean en algunos lugares para el alumnado con TDAH.

La foto es de 1916 y el lugar era una escuela experimental vinculada a la facultad de Pedagogía de la Universidad de Iowa. La universidad ofrece más fotos, pero el columpio solo aparece en las dos que he puesto aquí.

En otras fotos se puede ver que sí que había un terreno para el juego en la parte exterior y que en esa zona también tenían columpios. En una breve historia del periodo en que se tomaron esas fotos no he visto nada que mencione el columpio interior o nos dé pistas sobre su uso.

Existen distintas de permitir o favorecer el movimiento en el puesto escolar: sillas con pedales al estilo de las bicicletas o para balancear las piernas, balones de pilates, sillas con ruedas, como las que se emplean en las oficinas, sillas en las que te sientas sobre un trenzado realizado con gomas o cojines inflables para colocar sobre la silla.

¿Hay datos sobre su eficacia?

Este tipo de adaptaciones ha sido más tratado en los medidos de comunicación y en la publicidad que en estudios científicos. Es frecuente encontrar indicaciones de que favorecen la concentración. Pero aparte de testimonios recogidos en centros donde se han utilizado estos recursos o recomendaciones de algunos expertos, como John Carney, existen pocas evidencias que fundamenten su uso. Los medios de comunicación suelen citar evidencias indirectas, acerca del efecto positivo de la actividad física en niños o adolescentes con TDAH.

Curiosamente, sí que existe algo de investigación acerca de estos dispositivos, especialmente los asientos con pedales, como forma de actividad física, para evitar el sedentarismo. Cuando se emplean en un entorno laboral la realización del trabajo no se deteriora (ni tampoco parece mejorar).

Colleen Cornelius (2018) encontró resultados dispares en dos observaciones de atención a la actividad realizadas con adolescentes (no se trataba de alumnado con TDAH, sino del alumnado que había en una clase) a los que se facilitaban sillas con pedales. Su interpretación es que el pedaleo llegaba a distraer a los participantes en las actividades con mayor exigencia de concentración.

Pero parece que la forma de sentarse que más atención ha recibido de los investigadores, en cuanto a su efecto en el TDAH es el empleo de balones de pilates o balones de terapia. He visto algunos estudios de caso único sobre el efecto de sentarse en balones de pilates en alumnado con TDAH. Schilling, Washington, Billingsley y Deitz (2003) encuentran, en tres alumnos con TDAH, una mejora en el comportamiento y en la legibilidad de las producciones escritas. Fedewa y Erwin (2011) observaron a 8 alumnos, encontrando mejoras en la atención, una reducción de la inquietud y un aumento del tiempo que pasaban sentados y trabajando. Además, un estudio con grupo de control, de Fedewa, Davis y Ahn (2015), valoró el efecto del uso de estos balones en clases completas, sin encontrar mejoras en atención o rendimiento, pero sí un descenso de los comportamientos disruptivos.

Macphee et al. (2019) compararon distintas combinaciones de uso de medicación o placebo con el empleo de balones de pilates, ropas con peso añadido o ninguna intervención, encontrando que la medicación fue el único tratamiento que tuvo un efecto relevante sobre la productividad en el trabajo y el seguimiento de las normas de clase.

Wu et al. (2012) emplearon un enfoque diferente, comparando el electroencefalograma de niños con y sin TDAH cuando estaban sentados en una silla o en un balón de pilates. El balón se asoció con una disminución del tiempo de reacción medido con el potencial P300.

Y también he encontrado un estudio con grupo de control, de Pfeiffer, Henry, Miller y Witherell (2008), sobre el uso de cojines inflables. El resultado fue una mejora en tres índices del cuestionario BRIEF de evaluación de la función ejecutiva (Global, Regulación conductual y Metacognición).

Pero nada sobre el uso de columpios…

 

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