Curiosidades·Intervención sin evidencias

El mito de la lateralidad

La lateralidad tiene que ver con la dominancia o preferencia por el uso de una mano, de modo que hay personas diestras, zurdas, como yo, (antiguamente llamadas siniestras), y ambidiestras. Probablemente la ambidestreza no es algo homogéneo: hay gente, como muchos niños pequeños en los que aún no se ha definido una preferencia por una mano u otra, gente que tiene gran habilidad con ambas manos, y gente que ha tenido que desarrollar el uso de su mano no dominante porque algún probema le ha impedido utilizar la mano dominante.

Con el uso que se damos a las manos, no es extraño que sea ahí donde mejor se aprecie la lateralización, pero se habla de lateralidad en otras partes del cuerpo, y de ahí surge la idea de lateralidad cruzada. Dependiendo de quién explique lo de la lateralidad cruzada puede consistir en que existe domincia de una mano y del ojo del lado contrario. A veces interviene el pie y a veces el oído, algo que me sorprende porque tenía entendido que las vías nerviosas que transmiten la información auditiva al cerebro se desdoblan y llegan desde cada oído a ambos hemisferios cerebrales, y además, uno no tiene muchas posibilidades de elegir un para escuchar el oído izquierdo o el derecho.

El mito

El mito de la lateralidad estaría compuesto por dos ideas principales: la primera es que las alteraciones de lateralidad causan en los niños problemas como dificultades de lectura, escritura y cálculo, y de atención, organización y concentración. La segunda es que estableciendo en el niño una lateralidad homogénea y bien definida se conseguirán mejoras en estos problemas.

Imagen de wikimedia commons

Estas ideas se suelen apoyar en datos como “un estudio concluye que entre los niños con TDAH (póngase aquí dislexia, problemas escolares u otros problemas) existe una alta proporción de problemas de lateralidad”. Por ejemplo, este estudio que relaciona el ser ambidiestro con problemas de salud mental, incluyendo el TDAH en niños y adolescentes finlandeses.

No se ha encontrado relación causa efecto

A veces estos estudios requieren una lectura muy atenta. Por ejemplo, aunque entre los niños con lateralidad no definida fueran más comunes los problemas de TDAH, lo cierto es que sólo el 1,1% de la muestra fue descrito con lateralidad indefinida, mientras que a los 8 años se considera que un 6,7% tenían probablemente un problema de hiperactividad y un 20% (!!) un problema de inatención. Es decir, aunque sea cierto que el TDAH se encuentre con más frecuencia en niños con lateralidad indefinida también parece cierto que la gran mayoría de los niños con TDAH tienen su lateralidad bien definida. Algo parecido se deduce de otro estudio sobre la falta de asociación entre la preferencia manual y la intensidad de los síntomas del TDAH, en el que solo 4 de los 520 niños de la muestra tenían una lateralidad no definida, y no se observaron diferencias significativas entre zurdos y diestros.

La investigación no se agota en esos dos estudios: hay algunos más sobre el tema y sería bonito hacer un meta-análisis  para ver qué factores hacen que en unos estudios los resultados sean significativos y en otros no, por ejemplo, se podría ver si influyen escalas de evaluación poco precisas como esa con la que un 20% de los niños era sospechoso de inatención.

Sobre la relación entre lateralidad cruzada y TDAH no he encontrado información científica. Sí me ha llamado la atención que, ya en 1983, Barbara Connolly publicase un estudio sobre lateralidad y dificultades de aprendizaje en el que se describe cómo entre 91 alumnos de un colegio para personas con dificultades de aprendizaje no había más proporción de casos de lateralidad manual no definida que en la población normal, había menos casos de lateralidad ocular no definida, y más casos de lateralidad de pie no definida. Para más inri, la proporción de casos de lateralidad cruzada ojo – mano era menor entre los niños con dificultades de aprendizaje que entre los niños sin dificultades.  Seguramente existen estudios que proporcionan resultados opuestos a los que aparecen aquí, y, de nuevo, sería recomendable agruparlos todos para ver el resultado conjunto, ya que esta situación es bastante común cuando se estudia un campo en el que la relación entre dos variables es nula o muy pequeña: a veces los resultados son positivos, a veces los resultados son negativos, a veces son nulos.

Otra cuestión es que la evaluación de la dominancia ocular es un asunto bastante controvertido ya que las pruebas se suelen basar en la identificación del ojo preferido para una tarea en la que solo se puede ver por un ojo, mientras que la mayor parte del tiempo estamos utilizando los dos. La tarea que se emplee para observar la dominancia ocular puede influir notablemente en que se elija un ojo u otro, como se puede ver en este artículo si se cuenta con suficiente paciencia. Esta entrada de un blog de oftalmología ilustra lo complejo que puede llegar a ser el asunto de la (presunta) dominancia ocular y de los intentos de evaluarla. Todo esto puede parecer superficial, pero he visto recomendaciones de intervenir para cambiar la dominancia manual de los niños ajustándola a la dominancia ocular y en esos casos resulta bastante inquietante que encima se hayan podido cometer errores a la hora de determinar cuál es la dominancia ocular.

Casi no existe documentación sobre mejoras a consecuencia de intervenciones en la lateralidad

Igual estoy despistado al escribir esto, porque con el parón administrativo de Estados Unidos se han cerrado algunas de las bases de datos que suelo consultar para buscar información sobre investigaciones. El caso es que en lo que he buscado no he encontrado investigaciones sobre el resultado de interveniones en la lateralidad de niños con TDAH.

Lo más parecido que he visto es una publicación que relaciona una intervención sobre la coordinación entre estímulos auditivos y movimientos de las manos. No trata sobre la lateralidad, pero tiene un componente de coordinación sensorio-motriz: básicamente la intervención consistía en aplaudir al ritmo marcado por un metrónomo, informando al alumno de si daba las palmadas en el momento exacto o no. Que eso produzca una mejora notable en lectura o en comprensión oral, y un aumento espectacular de los resultados en expresión escrita me ha resultado extraño. Así que me puse a buscar información sobre replicaciones de este estudio a ver si se habían observado esas mejoras en otras ocasiones. El caso es que lo que me encontré fue la información de que en 1994, Gerald Leisman, primer autor de ese artículo, fue sancionado por fraude científico. Está claro que eso no es un argumento en contra de los resultados obtenidos. Decir que Fulano se ha comportado como un sinvergüenza no invalida un estudio científico realizado por el señor Fulano. Pero la verdad es que en el estudiono había grupo de control y había unas diferencias llamativas en el número de niños que se evaluaban con unos y otros tests…

En resumen

  • Es posible que en un niño con TDAH se identifique un problema de lateralidad, pero eso, en sí no es alarmante, hay bastantes niños (y adultos) sin TDAH en los que también se podrían identificar problemas de lateralidad, aunque esos no suelen ir a que los evalúen.
  • Es posible que los problemas de lateralidad sean más frecuentes entre los niños con TDAH que entre los niños sin TDAH (convendría aclarar más el asunto), pero eso no significa que los síntomas del TDAH estén producidos por el problema de lateralidad. Existe, por ejemplo, la posibilidad de que haya un tercer factor que produzca en algunos niños dificultades de concentración, inquietud y retraso o dificultades en el establecimiento de la lateralidad.
  • No se han encontrado pruebas de que las intervenciones para solucionar las dificultades de lateralidad produzcan mejoras en los síntomas del TDAH o en las consecuencias de estos síntomas. Sé que esta afirmación contrasta con un enorme montón de información que circula por internet recomendando estos tratamientos o dando testimonios de que “a mí me funcionó”. Desde luego si la cosa va tan bien no sé por qué no hacen estudios y publican sus resultados para que todos conozcamos cuáles son, cómo se obtuvieron y tengamos a oportunidad de reproducirlos, algo que se ha hecho con otros tratamientos como las intervenciones farmacológicas, el neurofeedback, la modificación de conducta, o los programas de entrenamiento para padres.