Encuentros · Estudio

Ayudando a estudiar: segunda parte del módulo de formación de entrenadores cognitivos

A poca distancia de aquí, se celebraba un congreso de innovación educativa con ponentes de prestigio internacional como Roger Johnson, David Johnson o Robert Schwartz. Aprendizaje cooperativo, inteligencias múltiples, TIC… A pesar de eso, un nutrido grupo prefirió acudir a este módulo de formación.

Dos semanas antes, Mikel había contado cómo organizarse, aprovechar el tiempo y comerse el mundo, y esta vez me tocó a mí hablar de estrategias para ayudar a los adolescentes con el estudio y la tarea.

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La mejor forma que se me ha ocurrido para resumir el contenido del módulo es poner una foto de cómo estaba la pizarra antes de empezar y cómo quedó al terminar.

El esquema representa las diferentes formas de aprendizaje, que dependerían de dos factores (depende de más cosas, pero es un modelo, y reduce la realidad). Estos factores serían:

  1. A la izquierda, en vertical: «LO QUE SÉ». Puedo saber mucho o poco sobre el tema.
  2. Abajo, en horizontal: «LO QUE HAGO». Puedo hacer poco o mucho, y eso que hago puede ser superficial o profundo.

Si se tienen en cuenta estos dos ejes, en el plano del aprendizaje se pueden distinguir cuatro regiones:

  1. Aprendizaje significativo: sé mucho sobre el tema, y hago mucho (y con profundidad) para aprender los nuevos contenidos.
  2. Aprendizaje encapsulado: sé poco sobre el tema, pero me esfuerzo en aprender los nuevos contenidos.
  3. Aprendizaje asimilado: sé mucho sobre el tema y apenas hago nada por integrar los nuevos conocimientos.
  4. Aprendizaje fragmentario: sé poco sobre el tema y no me esfuerzo por integrar nuevos conocimientos.

El aprendizaje significativo es duradero porque se integra en lo que ya conocemos. Creo que se ha cometido muchas veces el error de decir que el aprendizaje significativo consiste en relacionar lo que aprendemos con lo que ya sabemos. No es que esa afirmación sea incorrecta, pero es que habría que matizar un par de cosas. La primera es que, para que se pueda establecer esa relación, tenemos que saber cosas sobre el tema del que estamos aprendiendo. No vale cualquier conocimiento. Hay cosas que no se podrán entender si no se cuenta con unos conocimientos previos específicos. La segunda cosas que hay que tener en cuenta es que establecer esa relación no es una cuestión de decir «esto se relaciona así», sino que hay que procesar la información, como dice el esquema: mucho y de forma profunda, es decir hay que hacer algo, hay que operar con esos conocimientos que se vana a aprender.

Aunque nunca hayamos oído hablar del aprendizaje encapsulado, seguro  que todos sabemos lo que es. Se trata, sencillamente, de aquellas cosas que aprendes y te olvidas de ellas al poco tiempo de entregar el examen. Es una memorización extensa y ordenada, pero que no pasa a formar parte de nuestro fondo de armario de conocimientos.

El aprendizaje asimilado también es fácil de entender. Se trata de que sigues sabiendo más o menos lo mismo que sabías antes y, además, es posible que nadie note que no has aprendido nada, porque ya sabes mucho sobre el tema. Sólo se notará algo si los nuevos conocimentos contradicen lo que ya sabes, porque, en ese caso, se te pasara desapercibida la discrepancia.

Por último el aprendizaje fragmentario es el recuerdo de algunas informaciones o detalles, de forma poco estructurada e incompleta.

Lo que hago

No es fácil cambiar lo que el alumno sabe. Sabe lo que ya ha aprendido, y trataremos de que aprenda nuevas cosas, pero ya hemos visto que eso rara vez va a ser instantáneo. Donde podemos intervenir es en qué hace el alumno. Hacer cosas no conduce necesariamente al aprendizaje significativo. Espero que esto haya quedado claro. Se producirá aprendizaje significativo si, previamente, el alumno sabe mucho sobre el tema. Si no, se producirá un aprendizaje encapsulado. El consuelo que tenemos es que el aprendizaje encapsulado es mejor que el aprendizaje fragmentario que se produciría si no hiciésemos nada.

A lo largo de cuatro horas expuse varias estrategias para favorecer el aprendizaje, empenzando por las más superficiales, y terminando con otras más complejas. Estas estrategias fueron las de tipo mnemotécnico (técnicas de acrónimo, alfabéticas, de loci, asociativas, de perchas y de números y letras), toma de notas o apuntes, análisis de características semánticas, estrategias para resumir y estrategias para favorecer la expresión.

Finalmente, la pizarra quedó así, reflejando el viaje que hace el alumno que aprende de forma fragmentaria hasta el aprendizaje significativo, que no creo que sea directo, sino que da un rodeo para cruzar toda la región del aprendizaje encapsulado.

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Dificultades de aprendizaje · Estudio · Intervención sin evidencias · Materiales

Aprendiendo el abecedario

Mucha información se organiza en orden alfabético. No sólo se trata de las palabras del diccionario, sino también que es muy común tener que buscarse a uno mismo en una lista por orden alfabético, y el propio ordenador te permite elegir ese orden para ver tus ficheros.

Aporto aquí algunos materiales que ha preparado Ainhoa León, que ha sido alumna de prácticas mía en el colegio. Con ellos están trabajando algunos alumnos de apoyo de 1º de Primaria que ahora mismo están en el tema del abecedario.

En primer lugar tenemos el cartel, un recorrido con todas las letras en el que cada alumno tiene una estrella con su nombre que indica hasta que letra es capaz de recitar en orden y sin equivocarse. En algunos momentos de la clase un alumno puede pedir intentar hacer avanzar su estrella. Para eso tiene que ir diciendo las letras, hasta que cometa un error. Cuando se equivoca se le indica cómo tendría que haberlo dicho y se pone la estrella en la última letra correcta.

A los alumnos les dijimos que al llegar al final del recorrido les daríamos una hoja de buenas noticias (un minidiploma)  indicando que ya habían aprendido el abecedario.

Tenemos también el consabido abecedario en el que repasan, y del que se llevan una copia a casa.

Por último, tenemos un conjunto de flash-cards que preguntan por la letra siguiente. Por una parte, si eres capaz de decir qué letra viene después de cualquier letra, ya tienes el conocimiento necesario para recitar el abecedario. Soy consciente de que las cosas suelen funcionar al revés y que las partes del abecedario que ya te sabes son las que permiten decir qué letra viene después de otra, pero hacer el juego de ir adivinándolas puede animar a los alumnos a memorizar más partes del alfabeto.

Estas tarjetas se imprimen por las dos caras y el alumno tiene que leer la pregunta, tratar de responderla y comprobar su respuesta mirando la cara posterior. Es importante que el papel sea grueso, porque, lo que me ha sucedido es que la parte trasera se transparenta y hay alumnos que prefieren tratar de adivinar qué letra se ve por detras (con bastantes errores, ya que las ven invertidas) antes que pensar en la respuesta. Es curioso cómo hacen eso incluso cuando se les pregunta por las primeras letras, y aparentemente les costaría menos pensar la respuesta que tratar de adivinarla así.

No se están utilizando exclusivamente estos materiales, sino que también hay ejercicios clásicos como completar las letras que faltan, darles una letra para que escriban la anterior y la siguiente, e incluso utilizamos una canción del abecedario para memorizarlo. Cualquier cosa que ayude es bienvenida, por eso aportamos también estas ideas.

Alfabeto