Autorregulación·Intervención con evidencias sólidas

Aceptabilidad de la hoja de registro diario

La hoja de registro diario (HRD) es una intervención conductual para el TDAH en la que se establecen dos o tres objetivos como “terminar las actividades”, “levantar la mano para poder hablar en clase” o “tener listo el material cuando comience la clase”. Se utilizan unos criterios alcanzables (“termina más de la mitad de las actividades”) pero un poco exigentes y a lo largo de la jornada escolar se va revisando e informando al alumno sobre si está consiguiendo o no sus objetivos. Esto va quedando registrado en una hoja.

La HRD se suele plantear también como un sistema de comunicación familia-escuela, ya que el alumno lleva la hoja en la que se ha registrado la información a casa, para que sus padres puedan conocer en qué medida ha cumplido sus objetivos.

Esta herramienta ha aparecido bastantes veces en el blog, además de estar mencionada en algunas revisiones sobre eficacia de intervenciones educativas, creo que le he dedicado estas entradas:

En ellas se pueden ver distintos modelos de hoja e información sobre su utilidad. En esta nueva entrada quiero comentar una investigación sobre la aceptabilidad de la HRD por parte del profesorado y su relación con su eficacia. Se trata de un estudio liderado por Erin Girio-Herrera, profesora de la Universidad de Towson.

En el estudio participaron ocho escuelas de Ohio y Florida, concretamente 39 profesores y 39 alumnos de K5 (en España estarían entre 3º de Educación Infantil y 5º de Educación Primaria).

Resultados

Antes de comenzar las intervenciones, el profesorado mostraba una aceptación de la HRD de 5,23, en una escala de 1 a 6, en la que 6 era el máximo acuerdo. Tras dos meses de uso, la aceptación de la herramienta era de 5,20. Se trata, por tanto de resultados muy similares. Quizá lo más llamativo sea la alta aceptación inicial de la HRD. Analizando si la motivación aumentaba o descendía, el 56% de los profesores mostraba igual o mayor aceptación de la HRD después de 2 meses utilizándola y en el 44% descendía la aceptación.

Curiosamente, a pesar de lo parecidos que son estos resultados, la aceptación antes de la intervención no predecía bien la aceptación a los dos meses de uso. Lo que mejor predecía la aceptación durante el uso de la HRD era la respuesta inicial del alumnado.

Respecto a la mejora que se produjo en el logro de los objetivos de los alumnos, parece que esta se relacionó con la la duración de la intervención, fidelidad en el seguimiento del procedimiento de la HRD y una menor experiencia (menos años de trabajo) de los profesores que lo aplicaban. La duración de las intervenciones y el cumplimiento del procedimiento fueron mayores en el 56% de profesorado que mostró igual o mayor aceptación de la HRD tras dos meses de uso.

Reflexiones

A partir de los datos anteriores podemos pensar que la HRD es una forma de intervención escolar en TDAH bastante aceptable pare el profesorado. Aparentemente, aunque no la hayan empleado suele parecerles una forma adecuada y realista de conseguir mejoras.

Aunque este estudio no se centra en las mejoras obtenidas, los datos de aceptación sugieren que la herramienta no decepcionó al profesorado ya que su actitud hacia ella fue muy similar tras dos meses utilizándola. Las variaciones en esta actitud se relacionaron con las mejoras producidas inicialmente.

Es relevante saber que en esta investigación participaban inicialmente 58 profesores, pero los datos de 19 de ellos no fueron analizados. En 5 casos fue porque el alumno al que supervisaban cambió de centro. En los restantes, no completaron alguna de las escalas de aceptabilidad de la HRD por algún motivo. Se podría sospechar que precisamente estos descolgados lo hicieron por falta de acuerdo o interés por la HRD, sin embargo, los datos recogidos no indican ninguna diferencia en aceptación, uso o resultados obtenidos inicialmente con respecto a los 39 participantes con los que se realizaron los análisis.

Autorregulación·Intervención con evidencias sólidas

Ideas para reforzar la lectura a alumnado con TDAH 3: hoja de registro diario

Llegamos a la tercera entrega de esta serie dedicada a la lectura, a partir de las propuestas de un equipo de la Universidad de Denver, liderado por Garrett Roberts. Su tercera estrategia es bastante conocida para los lectores habituales de este blog: la hoja de registro diario.

La hoja de registro diario (HRD) es un sistema de comunicación entre la escuela y la familia con un aspecto muy parecido al de las herramientas o tarjetas de autorregulación que vimos en el primer capítulo de esta serie, con una lista de objetivos o comportamientos, criterios para considerar si se han alcanzado y lugares donde registrar los logros obtenidos.

La diferencia está, más bien, en el uso que se hace de ellas, ya que las HRD sirven para la comunicación entre la escuela y la familia: la hoja se completa en clase, pero después se transmite a los padres. A diferencia de los modelos que hemos presentado anteriormente en el blog, que van registrando si se alcanzan o no los objetivos en las distintas clases que el alumno tiene cada día, los autores de estas propuestas presentan una HRD centrada en tareas de lectura.

Yo la he modificado un poco pensando cómo me sería útil y ha quedado así

Por si alguien tiene interés en editarla, modificando los objetivos o metas se puede descargar aquí.

 

Intervención con evidencias sólidas

Más razones para utilizar la hoja de registro diario

La hoja de registro o seguimiento diario (HRD) es una de las intervenciones que más hemos comentado en el blog. Si no me recuerdo mal le hemos dedicado estas entradas

Kellina Pyle. De su perfil en LindedIn

Vuelvo al tema porque el año pasado se publicaron dos trabajos de revisión sobre el uso de la HRD en alumnado con TDAH: un artículo de Kellina Pyle y Gregory Fabiano con un meta-análisis de estudios de caso único sobre la eficacia de la hoja de registro diario y un meta-análisis de estudios de grupo de Michele Iznardo, María Rogers, Robert Volpe, Patrick Labelle y Philippe Robaey.

El artículo de Pyle y Fabiano recoge la información de 14 investigaciones, en las que se utilizó la HRD con 40 alumnos. Una peculiaridad de este trabajo es que el tamaño del efecto se calculó con distintos métodos alternativos, ya que además del interés por aportar información sobre el efecto de la HRD, los autores tenían el objetivo de comparar el resultado que producen las distintas formas  que se han propuesto para calcularlo en estudios de caso único.

Los seis métodos de cálculo del tamaño de efecto comparados encontraron un efecto positivo que estaba entre 0,59 (tamaño mediano) y 0,94 (tamaño grande). Respecto a los factores que influían en el resultado, se identificaron dos: la calidad de la investigación y el tipo de aula. Los estudios de mayor calidad encontraron un efecto mayor que los estudios de baja calidad, al contrario de lo que suele suceder en los meta-análisis de investigaciones con grupo de control. Por otra parte, los estudios realizados en aulas de educación especial encontraron resultados mayores que los estudios realizados en aulas ordinarias.

Maria Rogers. De su perfil en la universidad de Ottawa

El trabajo del grupo de Rogers identificó siete estudios de grupo en los que participaron 272 alumnos. De esos estudios, cuatro eran experimentales, uno cuasi-experimental y los restantes comparaban los resultados de un único grupo antes y después de la intervención.

Los estudios encontraron efecto pequeño (0,36)  en las valoraciones del profesorado sobre la reducción de síntomas del TDAH y un efecto notablemente mayor (1,05) si la evaluación se hacía con medidas de observación directa.

 

Intervención sin evidencias·Materiales·Organización

La hoja de trabajo

Presento una herramienta que he empezado a utilizar este curso y que me está dando mucho juego. Se llama “hoja de trabajo” y la utilizamos en el aula de apoyo, con un par de grupos de alumnos de 1º de primaria. No todos tienen TDAH, pero la mayoría rinden bastante mal en lectura, escritura y cálculo por distintos motivos.

La hoja de trabajo se empieza a hacer al empezar la clase: cada alumno tiene que escribir en ella su nombre, el día y el mes. Por ahora escriben el día con número y el mes con letra. Al comenzar el curso, algunos de los alumnos apenas sabían escribir su nombre, así que yo les ayudo con lo demás, o pueden utilizar el calendario. Más o menos seguimos un proceso para pasar de casi hacerlo yo a trabajar con independencia:

Hoja apoyoNombre:

  1. Al principio lo escribían ellos, con mayúsculas (como lo habían aprendido y a veces con errores).
  2. Corrijo lo que está incorrecto y en la siguiente sesión recuerdo que tenga cuidado con eso.
  3. Pasamos a escribir el nombre con minúscula, yo lo pongo en la pizarra y el alumno lo copia.
  4. El alumno escribe su nombre.

Día:

  1. Escribo el número en la pizarra para que lo copien.
  2. Busco el día en el calendario y lo señalo para que lo copien de allí.
  3. Un alumno busca el día en el calendario, lo señala y los compañeros lo copian.
  4. Cada uno mira el calendario y pone el día que es.
  5. Aunque no lo he hecho, se podría pasar a escribir qué día de la semana es.

Mes:

  1. Lo escribo yo en la hoja de trabajo.
  2. Lo escribo en la pizarra y los alumnos lo copian.
  3. Un alumno lo escribe en la pizarra y los demás lo copian.
  4. Lo copian del calendario.
  5. Recuerdan cuál es y lo escriben.

Resulta que, si te apañas bien, en el primer rato de la clase los alumnos han estado trabajando los números del 1 al 30 (y con alguna pregunta, los conceptos de anterior y siguiente), la copia y el dictado de palabras complejas como “septiembre”.

En la hoja se apuntan las actividades que se van haciendo durante la sesión de trabajo. Son anotaciones como “ejercicios de la página 26, copia, letra g, sumas, restas, escribir números, lectura de tarjetas, comprender frases”. Al principio yo le apunto a cada alumno lo que hace. Ahora estoy escribiendo las actividades en la pizarra y le señalo a cada uno cuáles tiene que incluir en su hoja de trabajo (no todos hacen las mismas). Más adelante les propondré que cuando terminen una actividad sean ellos los que la anoten.

Otra sección es la de valoración del trabajo. Cada alumno señala cómo considera que ha trabajado. Aquí, los primeros días les hacía gracia señalar la calavera, pero eso se les pasó al poco tiempo. Alguna vez, además de lo que pone el alumno yo rodeo otra de las caras y escribo al lado “la opinión del profesor”.

La última parte es la sección “he aprendido” donde señalo los nuevos logros o escribo algún mensaje de felicitación. Esta parte aún la tengo poco explotada.

Lo más interesante de la hoja de trabajo es que se trata de una herramienta de comunicación: los alumnos no escriben porque sí o porque toca, sino para transmitir una información a sus tutores y a sus padres. Saber que alguien va a leer lo que pones es un buen motivo para tratar de hacerlo bien y con claridad. Pero es aquí donde tengo que pensar algunas mejoras, porque empiezo a detectar que algunos alumnos acumulan entre sus cosas hojas de trabajo y ejercicios de apoyo, lo que indica que nadie las está mirando. Tal vez tenga que supervisar que al llegar a su clase lo pongan todo en su carpeta.

Para quien quiera descargarla:

Además, la lector del blog Marga Gutiérrez ha sido tan amable como para hacer una traducción de la hoja al euskera: