Skip to content

Efectos cognitivos del ejercicio físico en el TDAH

enero 17, 2017

Seguramente, el ejercicio físico produce muchos beneficios de tipos físico en las personas que lo practican. Además, hace un par de años, ya sugerí que en los niños y adolescentes con TDAH podría producir otra clase de beneficios. Beron Tan, Julie Pooley y Craig Speelman, de la universidad australiana Edith Cowan han publicado un meta-análisis sobre los beneficios cognitivos del ejercicio físico en las personas con TDAH y TEA (trastornos del espectro del autismo).

Estos investigadores encontraron 22 estudios sobre el tema, 16 estudios y 579 participantes con TDAH y 6 estudios y 128 participantes con TEA.

Resultados

En general, el ejercicio físico produjo un efecto positivo y significativo sobre las medidas cognitivas. Las habilidades cognitivas pueden ser muy diversas y, al intentar distinguir los efectos del ejercicio sobre distintos tipos de habilidades cognitivas, las cosas se vuelven un poco más complejas.

Los mayores efectos se encontraron en el tiempo que los alumnos pasaban concentrados en la tarea y en tareas de aprendizaje sencillo, pero esas variables fueron evaluadas en 5 de los seis estudios realizados con alumnado con TEA y en ninguno de los realizados con alumnado con TDAH. Se podría pensar que el ejercicio físico es eficaz para la mejora cognitiva de las personas con TEA y no para la de las personas con TDAH. Sin embargo, al comparar ambos grupos, no se encontraron diferencias significativas.

En los grupos con TDAH y en uno de los grupos de alumnado con TEA se valoraron los efectos del ejercicio físico sobre funciones ejecutivas. Nuevamente, las funciones ejecutivas son un grupo heterogéneo de habilidades. Analizándolas por separado, se encontró un efecto positivo sobre la inhibición, que es la capacidad de detener una respuesta o frenar un comportamiento impulsivo. También se encontró un efecto positivo sobre la memoria. Sin embargo, los análisis de sensibilidad indicaron que el efecto sobre la inhibición era pequeño y el efecto sobre la memoria podría ser negativo. No se encontraron efectos significativos sobre la flexibilidad cognitiva (capacidad para cambiar de criterio ante una tarea). Sin embargo, al considerar conjuntamente todas las investigaciones sobre funciones ejecutivas, el efecto del ejercicio físico fue positivo.

 

Las medidas ordinarias que utilizan los maestros para atender al TDAH

enero 10, 2017

Cuando buscamos información sobre la atención educativa al TDAH en las escuelas es fácil encontrar bastante sobre qué habría que hacer (guías y manuales), pero la información sobre qué se hace y sobre qué efectos producen las medidas es mucho más escasa.

Tres investigadores de la Universidad de Murcia: José Antonio Rabadán, Encarnación Hernández y Joaquín Parra, acaban de publicar un artículo titulado Implementación y valoración de medidas educativas ordinarias adoptadas con el alumnado diagnosticado con TDAH en la Región de Murcia.

En este estudio participaron 207 tutores de alumnado con TDAH, 14 de educación infantil y los restantes de educación primaria. Estos tutores realizaron un cuestionario online en el que se les preguntaba si el alumno con TDAH estaba recibiendo atención psicopedagógica y se les daba la posibilidad de señalar que medidas estaba recibiendo, de entre 16 posibles alternativas. Además, en el cuestionario se recogía información sobre el rendimiento académico del alumno, medido como número de asignaturas suspendidas.

Resultados

Los datos recogidos fueron los siguientes:

  • Un 58,9% del alumnado estaba recibiendo atención psicopedagógica.
  • Un 16,4% la había recibido pero no la estaba recibiendo en ese momento.
  • Un 13% nunca había recibido atención psicopedagógica.

Las medidas que se estaban empleando, ordenadas según la frecuencia de su uso eran:

  1. Apoyo en el grupo ordinario (61,4%)
  2. Refuerzo y apoyo curricular (55,6%)
  3. Inclusión de TIC (32,9%)
  4. Graduación de materiales y actividades (32,9%)
  5. Aprendizaje por tareas (24,6%)
  6. Agrupamientos flexibles (24,2%)
  7. Tutoría entre iguales (23,7%)
  8. Métodos de aprendizaje cooperativo (22,7%)
  9. Organización de los contenidos en centros de interés (16,11%)
  10. Contratos didácticos (16,4%)
  11. Aprendizaje autónomo (15,9%)
  12. Enseñanza compartida (dos profesores) en el aula ordinaria (15%)
  13. Enseñanza multinivel (13%)
  14. Desdoblamiento del grupo (13%)
  15. Aprendizaje por descubrimiento (8,2%)
  16. Aprendizaje por proyectos (5,3%)

Comentario

Está claro que la muestra del estudio no es representativa. Al haberse trabajado con una región concreta, con políticas educativas propias, las medidas que se adopten están condicionadas por sus normas o protocolos de atención al TDAH, que pueden ser diferentes en otras regiones. El cuestionario que respondieron limitaba las posibles medidas a 16, de modo que ha podido haber otras cosas que se están haciendo pero no han quedado reflejadas en el estudio. Por otra parte, ha podido ocurrir que algunos profesores hayan señalado opciones porque las encontraban en el cuestionario y las estaban realizando en sus aulas, aunque no lo estuvieran haciendo con la intención de atender al alumnado con TDAH.

A pesar de estas limitaciones, estamos ante una de las pocas descripciones que tenemos sobre qué se está haciendo en las aulas con el alumnado con TDAH. Considero que es algo importante, porque (a partir de una idea de Emilio Sánchez) considero que es necesario tener claras tres cosas: qué se hace, qué habría que hacer y qué se puede hacer…

El programa First Step to Success para alumnos de educación infantil con síntomas de TDAH

diciembre 20, 2016

First Step to Success (FSS) es un programa de prevención desarrollado por el Instituto de Investigación de Oregón. Se trata de un programa que comenzó a utilizarse en los años 90 y que, desde entonces, ha sido estudiado y mejorado.

Recientemente, se ha publicado un nuevo estudio en el que se valoró la eficacia del programa utilizándolo con niños de educación infantil con problemas de comportamiento, y sospecha de presentar TDAH.

FSS tiene tres componentes: una fase de detección, intervención escolar y entrenamiento de padres. En la parte de intervención escolar se realizó un sobre los principios de la gestión de aula y el programa FSS y una de entrenamiento, en la que un experto en el programa trabaja durante 10 días con el alumno con problemas, mostrando al maestro cómo realizar los procedimientos.

Algunas de las acciones que se realizan en el programa son:

  • Crear reglas (expectativas de comportamiento).
  • Emplear estrategias para enseñar esas reglas a través de ejemplos y contraejemplos y valoraciones.
  • Reforzar al alumnado por el cumplimiento de las reglas mediante gráficos, tarjetas o recompensas grupales. Se emplean una tarjeta verde y una roja para señalar el buen y el mal comportamiento, puntos, pequeñas actividades de recompensa (juego para la clase o tiempo extra de recreo) o recompensas para casa acordadas con los padres.
  • Retirar la atención a comportamientos inadecuados.
  • Modificar la organización del aula, preparando rutinas para las transiciones y los rincones de trabajo silencioso.

En la parte de entrenamiento para padres, la familia se reúne semanalmente con el experto en el programa, durante 6 u 8 semanas, trabajando una habilidad concreta en cada reunión. Estas habilidades son: comunicación y compartir, cooperación, establecimiento de límites, resolución de problemas, hacer amigos y confianza en uno mismo. Para enseñarlas se utilizan distintos recursos como exposición, demostraciones o un manual.

La versión del programa para educación infantil ha sido probada con 65 niños con problemas de comportamiento, que fueron comparados con otros 59, también con dificultades de comportamiento, que no recibieron el tratamiento. Al terminar la intervención, el grupo con el que se había trabajado había mejorado en habilidades sociales y comportamiento, según la valoración de sus padres y profesores.

 

 

Un ejemplo de tratamiento cognitivo conductual

diciembre 13, 2016

Marina Ramírez, de la Universidad Miguel Hernández, ha publicado un artículo que describe el tratamiento de las conductas disruptivas de un niño con TDAH y trastorno negativista desafiante.

Aunque la intervención no se pueda generalizar a otros alumnos, en otras circunstancias, es interesante ver un ejemplo de cómo se desarrolla un tratamiento cognitivo conductual en la escuela.

El niño tratado tenía 6 años, acudía a un colegio concertado con un diagnóstico de TDAH combinado y trastorno negativista desafiante. El alumno tenía dificultades con los aprendizajes del curso y numerosos problemas de comportamiento, en el aula y durante el recreo. Estos problemas incluían frecuentes episodios de violencia verbal y física dirigida hacia los compañeros y los profesores.

Evaluación

Antes de plantear la intervención se realizó una evaluación con los siguientes componentes:

  • Entrevista con el profesor para delimitar las conductas problemáticas.
  • Registro de observación cumplimentado por el profesor (momento, lugar, antecedentes, conducta, consecuencias, duración e intensidad).
  • Cuestionario de situaciones escolares para el profesor.
  • Escala de apreciación de conductas en niños para el profesor.
  • Escala T del Sistema de evaluación de la conducta de niños y adolescentes para el profesor.
  • Entrevista con la orientadora.
  • Entrevista con el alumno.
  • Cuestionario de ansiedad infantil CAS para el alumno.
  • Inventario de estrés cotidiano infantil para el alumno.

El análisis de esta información hizo a la autora llegar a la conclusión de que cuando el alumno “se encuentra ante situaciones en las que el profesor demanda el cumplimiento de normas y rutinas se inicia en él un desencadenamiento de respuestas motoras. Éstas aparecen en forma de agresiones físicas y verbales hacia sus compañeros y profesores. El niño no obedece a las demandas del tutor, el cual responde con un alto grado de desesperación y de confrontación con el niño, lo que incrementa la intensidad de la conducta disruptiva”… “Por un lado, la inconsistencia en los castigos, en algunas ocasiones por parte del profesor, y la ausencia de refuerzo ante las conductas adaptativas que el niño realiza han dado lugar al origen de las conductas disruptivas”.

Designed by Asierromero - Freepik.com

Intervención

El objetivo de la intervención fue “eliminar o disminuir la frecuencia de las conductas disruptivas así como instaurar o potenciar la emisión de conductas adecuadas”. A lo largo de tres meses se realizaron 13 sesiones de trabajo: 5 con el alumno, 6 con el profesor y 2 con la clase.

El trabajo con el profesor incluyó los siguientes contenidos:

  • Explicación del análisis funcional del comportamiento del alumno.
  • Información acerca del TDAH y el TND.
  • Estrategias de control ambiental, planificación de tareas y captación de la atención.
  • Técnicas de modificación de conducta: refuerzo positivo, extinción, tiempo fuera y coste de respuesta.
  • Economía de fichas.

Al alumno se le propusieron los siguientes objetivos: no pegar, no escupir, no insultar, trabajar y terminar el almuerzo. Las sesiones de trabajo con él se dedicaron a explicarle la intervención, un entrenamiento en autocontrol mediante la técnica de la tortuga y la explicación del sistema de economía de fichas.

Con la clase se realizó una tutoría sobre el TDAH, explicando en qué consiste a partir de un cuento. Para mejorar el clima de aula se empleó el juego del buen comportamiento.

Resultados

Tras la intervención había disminuido el número y la intensidad de los problemas detectados en los distintos cuestionarios. Al tratarse de un sencillo diseño con evaluación antes y después, sin unas medidas repetidas que indiquen cómo evoluciona el comportamiento del alumno a lo largo de la intervención (no digo que sea fácil tomar esas medidas) resultaría muy aventurado atribuir esa mejora a la intervención. No obstante, como indiqué, lo interesante de este artículo no está en eso, sino en cómo ilustra una forma concreta de aplicar una intervención escolar en un alumno con TDAH y problemas de comportamiento.

Factores que incrementan la resiliencia en niños y adolescentes con TDAH

diciembre 6, 2016

Joshua Langberg, de la Universidad Commonwealth de Virginia, es uno de los investigadores que más veces menciono en este blog. Esta vez vuelvo con él por una revisión que ha realizado, junto con Melissa Dvorsky, acerca de los factores que promueven la resiliencia en los alumnos con TDAH o con síntomas de TDAH.

La resiliencia es la capacidad de adaptación o de recuperación ante una situación adversa. En un lenguaje más coloquial, la resiliencia sería la capacidad que tienen algunas personas para mantener un estado de ánimo positivo ante dificultades que podrían hundirles. En el caso de niños o adolescentes con TDAH, este hundirse podría ser caer en una depresión o en el fracaso escolar (abandonar real o funcionalmente los estudios por la acumulación de malos resultados), también caer en la delincuencia, tener problemas legales, conflictos familiares graves, problemas crónicos de salud, adicciones…

Foto de GabboT - Motor City 05 en wikimedia commons

Foto de GabboT – Motor City 05 en wikimedia commons

Dvorsky y Langberg encontraron 21 investigaciones sobre este tema. Tras examinarlas indican que los factores protectores más claros son:

  • Aceptación social.
  • Un estilo paterno positivo y de apoyo.
  • Una auto-percepción de competencia positiva o moderada.
  • Capacitación escolar.

Un factor muy peculiar es el juego orientado a metas en solitario. En niñas con TDAH se ha descrito como un factor protector contra el rechazo por parte de iguales (sin que esté muy claro por qué), pero en adolescentes parece un predictor de distintos problemas.

Un factor  que no mostró producir efectos positivos fueron las habilidades sociales, algo que puede parecer sorprendente, pero que concuerda con alguna revisión que no ha encontrado efectos positivos de los programas de mejora de habilidades sociales en el TDAH.

 

El TDAH, los galgos y los podencos

noviembre 29, 2016

La revista Maristas siglo XXI publica en su número 11 (pg. 12-13) un artículo escrito por mí titulado El TDAH, los galgos y los podencos. Como la versión online se publica en formato flash y el acceso puede ser incómodo, publico aquí el texto del artículo.

maristas-sxxi

El TDAH en educación es un tema polémico. En los últimos años se ha hablado mucho sobre su existencia indudable y sobre su inexistencia. Se ha afirmado que hay un sobrediagnóstico por el que se estarían recomendando tratamientos con fármacos a niños que no los necesitan y, también, que hay un infradiagnóstico por el que muchos niños y adolescentes con TDAH estarían sufriendo sus consecuencias negativas sin recibir un tratamiento adecuado. Se ha afirmado su origen neurobiológico, pero también que su causa hay que buscarla en el entorno del niño, por ejemplo en la falta de disciplina en la familia o en el excesivo rigor en la escuela. En los colegios se ha hablado de la necesidad de realizar adaptaciones en la forma de enseñar y evaluar a los alumnos con TDAH y del daño que suponen esas adaptaciones.

El debate más intenso es el que se ha producido en torno a los tratamientos con medicamentos. Se ha documentado su efecto positivo para reducir o controlar algunos de los síntomas del TDAH y al mismo tiempo se ha considerado una aberración medicar a niños y adolescentes para conseguir, con poco esfuerzo, resultados que tranquilicen a sus padres o profesores.

Parece que cualquier cosa que tenga que ver con el TDAH hace surgir partidarios y detractores. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Por una parte, no existe ninguna prueba que determine la existencia del TDAH ni se ha encontrado una causa clara que lo explique. Además, las empresas que fabrican fármacos para su tratamiento han favorecido el conocimiento de este trastorno y de los beneficios de sus productos.

Por otra parte, la existencia de este problema es reconocida por muchos profesionales de la medicina, la psicología y la educación, se ha identificado que es altamente heredable y que el diagnóstico es consistente, es decir, distintos profesionales tienden al acuerdo y se mantiene a lo largo del tiempo. También parece bastante claro que los niños que cumplen los criterios diagnósticos del TDAH tienen más probabilidades de tener dificultades de aprendizaje como la dislexia y la discalculia, problemas graves de comportamiento, bajo rendimiento escolar y otros problemas, como accidentes o dificultades sociales. Los tratamientos farmacológicos han mostrado ser útiles a corto plazo, pero se sabe poco sobre su eficacia a medio y largo plazo.

Recuerdo desde mis primeros años de EGB (ahora Educación Primaria) una fábula en la que dos liebres perdían el tiempo discutiendo si los perros que las perseguían eran galgos o podencos. Y siguieron discutiendo hasta que los perros las cazaron. La analogía es clara: mientras entramos en un debate polarizado, que sin duda es muy interesante, corremos el peligro de olvidarnos de los que están teniendo estas dificultades (se consideren TDAH o no), cuando es mucho lo que podríamos hacer por ellos.

Actualmente existe un repertorio extenso de buenas prácticas educativas. Curiosamente, mucha gente desconoce que esas buenas prácticas están respaldadas por la Guía de práctica clínica para el TDAH, el manual médico que propone los procedimientos para su atención. Entre las prácticas que propone esta guía clínica están el uso adecuado de estrategias de modificación de conducta, la formación a los padres y profesores, las modificaciones en la forma de organizar la clase, explicar y evaluar, los planes individuales de atención o los apoyos especiales y adaptaciones curriculares para alumnos con un rendimiento muy bajo.

Terminando con la analogía anterior, salgamos corriendo como liebres, es decir, apliquemos estas medidas, que casi son de sentido común, habituales en la educación y respaldadas por los profesionales de salud. Cuando nos hayamos alejado ya podremos seguir discutiendo si son galgos o podencos.

El juego del buen comportamiento

noviembre 22, 2016

Durante este curso, un compañero (gracias, Javier) se ha animado a utilizar en su clase el juego del buen comportamiento. Eso ha sido una buena ocasión para volver sobre él.

El juego del buen comportamiento es una intervención conductual en la que la clase se divide en dos o tres equipos, se ponen unas reglas y se señala cada vez que alguien de uno de los equipos incumple una de las normas de clase. Al terminar el juego, el equipo que menos señales ha acumulado obtiene una recompensa.

Expliqué un poco más esta intervención en una entrada sobre dos programas de comportamiento. También me parece muy útil esta revisión en la que se puede encontrar información más detallada acerca de la técnica y orientaciones para su aplicación (comportamientos, tiempo, reforzadores, aplicación en distintas asignaturas…).

En este caso el juego lo comenzó aplicando el tutor, como máximo una sesión diaria, con la idea de que más adelante se pueda aplicar en dos momentos: uno con el tutor y otro con otro profesor que imparta clase a los alumnos. Los comportamientos elegidos fueron: hablar sin permiso, molestar a un compañero, distraerse en la explicación y abandonar el trabajo.

Cartel del JBC

Preparamos un cartel doble, plastificado, para poder hacer las anotaciones con un rotulador borrable. El tutor formó dos grupos para el juego. Su impresión es que fue bien aceptado por los alumnos y que se esforzaban por controlar su comportamiento. No ha habido alumnos boicoteadores (los que se comportan mal intencionadamente para perjudicar a su equipo).